Blogia

Hija de la Luna

[sin título]

Se agacha y coge la moneda del suelo. Se siente feliz, muy feliz, lo veo en su cara. Cierra el puño con fuerza, como si quisiera proteger su gran tesoro de mi mirada, sino ya de mis manos, y, de repente, extiende los dedos y me alarga la mano. "Tómala", me dice. "Con esto ya tienes para más de un café, eh?". Cojo la moneda, sonrío, me la guardo en el bolsillo de la chaqueta, le doy un beso en la mejilla y unas gracias lo más sentidas posibles, y me marcho de allí pensando dónde meter aquella peseta sin valor desde hace años para todo el mundo menos para mí. Y es que ha sido mi primer regalo de mi abuela, y se ha hecho esperar.

Rectificando

Me quejaba yo de la huida del invierno y de lo que no acertaba el metereólogo de la tele. Pues bien, hoy hace un frío de impresión, al menos en Madrid, y aquí estoy yo, congelada, feliz, y rectificando...

¿Quén quiere plantar narcisos?

¿Quén quiere plantar narcisos?

He salido a la calle con mi bufanda de lana y mi boina roja y casi me derrito como un polo, y eso que el señor del tiempo me había prometido que iban a bajar las temperaturas. Y todo por que, al fin, ha llegado la primavera más lejos del cristal del Corte Inglés; pues yo, que llevaba un mes viviendo en la ilusión de un invierno sin término, me siento como los muñecos de Calvin. Tengo ya a medio fabricar la pancarta para hacer compañia a los desamparados hombres blancos, aunque no quiero ni pensar en la cara de mis vecinos. ¿Tendré depresión primaveral?
Cuando era niña, mis padres estaban preocupados de que me pareciera lo más normal del mundo andar descalza por mi patio mientras caían los primeros copos de las nevadas, y mucho más de que llegara empapada a casa cada vez que le daba por llover porque yo me negaba a abrir el paraguas, así que me regalaron un libro, Simón y los animales, ilustrado y narrado (eso pone en la portada, nunca he sabido quién hacia cada cosa) por Alberti y Wolfsgruber. La historia cuenta como un niño enamorado del frío y de la nieve descubre un día lo dura que es la vida para los animales del bosque durante el invierno, y desde entonces espera con ansias la venida de la primavera. Supongo que con el cuento esperaban que yo me reformara y me decidiera a sonreir de una vez cuando oía eso de: "este verano, a la playa. Ya verás que bien, hija!". Pues me temo que les salió el tiro por la culata. El pobre de Simón, al acabar la historia, se convirtió para mí en algo así como un converso y un hereje, y nunca volví a leer el libro, que para colmo me llevaba cada verano para mirar los dibujos de paisajes nevados.Y es que no creo que me llegue a gustar la primavera, con las alergias, el calor, la Semana Santa y los domingueros de montaña empeñados en estropearme el fin de semana: mis pesadillas al completo en una sola estación.
En pleno ataque de ira contra la Madre Naturaleza, he encontrado esta tira de Bill Watterson. No puedo evitar sentir rabia. ¿Cómo puede querer plantar narcisos cuando lo que más le gusta a su hijo, el arte de los muñecos de nieve, se derrite poco a poco? ¿Quiere quizá celebrar la primavera con flores? Seguro que a ella también le regalaron el libro, y se ve que a veces hace efecto... Pero me queda la esperanza de que Calvin no se convertirá, como el desdichado Simón, en un hereje más. Y aquí, mientras espero otro invierno para bailar descalza bajo un chaparrón, pienso ¿quién quiere plantar narcisos?

Mi primer post

Aquí estoy, delante de mi ordenador, creando mi primer post, plasmando mis ideas por primera vez en algo q no es papel, en algo que q no puedo tocar en realidad, y ni siquiera sé por qué lo hago. Llevo escribiendo lo que se me pasa por la cabeza desde que era niña, contándome a mí misma historias inventadas, pensamientos peleados con la realidad, y mi propia vida pasada por el filtro de los desequilibrios que me acompañan, pero de ahí a contarselo a todo aquel que quiera leerlo, va un trecho. Y no soy de esos que dicen escribir su blog sin importarles si lo lea alguien o no. Supongo que mi ego desea ser leído, sino, ¿para qué escribir? En mi contra está la informática. Qué se le va a hacer, los aparatos electrónicos y yo no nos llevamos bien; a mi favor, mis ganas de dejar de amontonar servilletas de la cafetería de la facultad, que ya empieza a resultar engorroso explicarle a mi madre cómo puedo llegar a acumular tantas en los bolsillos de los vaqueros si, para ella, me paso las mañanas en clase. Así que aquí estoy, con la estructura y el título del weblog aún sin diseñar, y pensando sin embargo en cómo será mi proximo post, que me temo verá la luz en breves minutos, qué le voy a hacer. Y es que éste sólo ha sido una presentación, y a la vez un agradecimiento a aquellos que hacen posible que los locos como yo podamos colgar nuestros penamientos, pero no puedo evitar querer verter estos ya. Así que, sin más, aquí dejo mi primer post.